sábado, 7 de mayo de 2011

TENEMOS MIEDO A SER LIBRES

Ser libre es tener capacidad de tomar decisiones. La libertad es buena, pero es cruel. Te permite tomar decisiones, pero cada decisión acarrea una consecuencia. Si has decidido bien, las consecuencias serán positivas; si has decidido mal, las consecuencias serán, con toda seguridad, dolorosas (más dolorosas, cuando más profundo haya sido el error).

Ahora bien. ¿Qué ocurre cuando la decisión la toma otro, incluso contra tu voluntad, y las consecuencias las pagas tú?

Desgraciadamente, hay gente tomando decisiones cuyas consecuencias estas pagando tú. ¿No te gustaría decidir a ti y cargar con las consecuencias (positivas o negativas), que tus decisiones se merezcan?

Estamos atravesando un momento difícil. Muchas decisiones de otros han convertido nuestro país en un erial. Los empresarios no pueden mantener los puestos de trabajo de sus empleados y los empleados, como tales, no tienen cabida en el mercado laboral.

¿Qué hacemos? ¿Nos sentamos y esperamos a que alguien venga a darnos un trabajo? O, por el contrario, ¿miramos al frente y nos ponemos en marcha?

Estoy seguro de que cada trabajador que hay ahora mismo en el paro tiene una serie de capacidades, de experiencia, de conocimiento, que le permitiría dar un paso al frente y decirse a sí mismo: ¡yo soy capaz de trabajar por mi cuenta! Y sin embargo, no es esta la sensación que hay. Al contrario, hay una sensación más cercana al derrotismo y a la espera de mejores tiempos. ¿Por qué? ¿Nos da miedo dar el paso? ¿Creemos que nos somos capaces de vivir si no hay un jefe que nos mande –y que nos pague-?

Conozco mucha gente que, cuando ha estado bajo el cobijo de un sueldo, pensaba que era imprescindible en su empresa y que era el que más sabía y sin él, la empresa quebraba. Ahora están en el paro ¿por qué no demuestran que sus pensamientos bajo el techo de aquella empresa eran reales? Yo estoy convencido de que, en muchos casos, es verdad. Hay mucha valía y mucho conocimiento y mucha capacidad de trabajo que, ahora, se está desperdiciando. ¿Por qué? Porque no hay un jefe para pagar un sueldo?. ¿Por qué nos sentimos incapaces de iniciar nuestra andadura en solitario y pagarnos nuestro propio sueldo? ¿Por qué no emprendemos y nos autocontratamos, creamos nuestra propia empresa, nos hacemos trabajadores autónomos y hacemos lo que sabemos hacer bien y lo hacemos para nosotros mismos?

En estos momentos difíciles, casi se convierte en una obligación el ganarse la vida con la autocontratación, con la libertad de decidir nuestro futuro y trabajar dura y honradamente para conquistarlo.

Sin embargo, parece ser que, de alguna manera, no queremos ser libres ni cuando el entorno nos obliga a serlo. Quizá no es que no queramos, sino que no nos sentimos con la fuerza suficiente. Quizá es porque no nos atrevemos a dar el paso. Realmente, es un paso importante y requiere de mucha responsabilidad. Hay que medir bien todos los movimientos porque un error se traduce en un fracaso. No obstante, creo que podemos, creo que debemos intentarlo. Con cabeza, pero con decisión. Porque igual que un error se convierte en un fracaso, un acierto se convierte en un éxito.

Debemos aprender a ser autosuficientes porque, como decía Epicuro: El más grande fruto de la autosuficiencia es la libertad.

Y es duro, ¡muy duro! Nunca nadie ha dicho que la libertad sea gratis, pero es muy muy gratificante.

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